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"De tanto ver triunfar las insignificancias, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer la injusticia, de tanto ver agigantase los poderes en las manos de los malos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de ser honesto..."

Ruy Barbosa Escritor, jurista, político, diplomático. Nac.brasilero,1849-1923

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lunes, 28 de febrero de 2011

Uruguay: Grito de Asencio......28 de febrero de 1811.

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"La mañana de Asencio" - Autor: Carlos María Herrera - Óleo s/tela 3,03 x 1,92 m
Museo Nacional de Bellas Artes.
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Artigas

Fundador de la Nacionalidad Oriental

Prócer de la Democracia americana
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Como las limaduras de hierro atraídas por el imán, fueron impulsadas las partidas criollas por la presencia de Artigas. Encabezados "por los sujetos más caracterizados" de cada pago, fueron rodeando la figura del Blandengue heroico, la cabeza del levantamiento, su Caudillo.

Figura omnipotente en torno a la cual se entretejieron los acontecimientos a lo largo de la década que va de 1811 a 1820, siendo la Historia de los Orientales, la Historia del General don José Artigas.

Su esfuerzo se dirigirá hacia la ciudad murada de Montevideo, foco de ligazón a los intereses europeos ajenos al sentir local.

Son tantos los soldados con que puede contar la patria, cuantos son los americanos que la habitan en esta parte de ella
Frases del Ideario Artiguista
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Un puñado de orientales, cansados ya de humillaciones, había decretado su libertad en la villa de Mercedes (...) y la primera voz de los vecinos orientales que llegó a Buenos Aires fue acompañada de la victoria del 28 de febrero de 1811: día memorable que había señalado la Providencia para sellar los primeros pasos de la libertad en este territorio, y día que no podrá recordarse sin emoción, cualquiera que sea nuestra suerte". J. G. Artigas (1)

El "Grito de Asencio" fue el triunfo de los orientales en armas dirigidos por Venancio Benavídez y Pedro Viera frente a los españoles. Este hecho militar implicó la desobediencia al poder españolista impuesto desde Montevideo, permitió la toma de la villa de Mercedes y Santo Domingo de Soriano por los rebeldes que apoyaban el pronunciamiento de la Junta de Buenos Aires, configurando la "admirable alarma"(2): el comienzo de la revolución oriental en la campaña. "(...) él fue la alborada de la Revolución que empieza a conmover a las masas y muestra ya su signo más evidente: su carácter predominantemente rural"(3)

La crisis política en España por la invasión napoleónica desde 1808 había debilitado el poder de este imperio en América. Hacia 1810 la instalación del Consejo de Regencia en la península agravó los conflictos en la región del Plata. En la capital del virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires, el virrey pierde apoyo militar, de comerciantes, letrados, sacerdotes y propietarios importantes de la ciudad Estos cuestionan la autoridad del nuevo gobierno en España, cesan al virrey Cisneros y establecen una Junta. En junio de 1810, se solicita el reconocimiento de la Junta al Cabildo Abierto de Montevideo, quien la rechaza y jura fidelidad al Consejo de Regencia. Esta actitud de Montevideo se explica por el predominio en la ciudad de militares y marineros españoles, y por la rivalidad comercial y portuaria con Buenos Aires. 
Mientras en la campaña oriental, los pueblos que se encontraban bajo la jurisdicción montevideana acataron la resolución de la ciudad (ej: Villa de Guadalupe); los de la jurisdicción bonaerense apoyaron la junta revolucionaria, pero fueron presionados por el gobierno de Montevideo para no reconocerla oficialmente (ej.: Maldonado). Así comienza un proceso de división en el territorio oriental entre la ciudad españolista y la campaña revolucionaria.

En enero de 1811 Elío llega a Montevideo desde España con el título de Virrey, y desde ese momento inicia los preparativos para declarar la guerra a Buenos Aires, lo que hará el 12 de febrero. Para ello toma una serie de medidas fiscales que le permitan hacerse de recursos: regularización de títulos de propiedad de tierras para el pago de la contribución, solicitud de donativos patrióticos, impuestos a las importaciones de cuero, tabaco, control del contrabando permitiendo el comercio sólo a buques autorizados y a través de intermediarios nacionales. 
Estas medidas perjudicaban a hacendados, comerciantes, barraqueros y navieros en su actividad mercantil que venía decayendo por la situación de crisis y el control español del comercio, ya que impedía el comercio con los ingleses. A estas medidas fiscales se suman los empréstitos forzosos al clero, empleados, propietarios, artesanos, hacendados, comerciantes, y el uso de la fuerza para coaccionar a los pueblos a reconocer la autoridad de Montevideo. 
En consecuencia, algunos jefes militares al servicio del gobierno español, pero con gran asidero en la campaña oriental, se pasan al bando revolucionario, como es el caso de Artigas el 15 de febrero de 1811, quien abandona las fuerzas españolas de Colonia y solicita auxilios al gobierno de Buenos Aires para los levantamientos en la campaña.

Es en este clima de disconformidad y resistencia a lo que consideraban opresión por parte del gobierno españolista en Montevideo, que se genera el levantamiento armado de Asencio, comenzando la revolución oriental.
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PRODROMOS DE LA INSURRECCIÓN ORIENTAL

Un año antes del glorioso movimiento de mayo de 1810, ya los orientales se habían puesto en campaña para conquistar la autonomía de su territorio.

Véase lo que dice don Joaquín Suárez en su autobiografía (publicada por el doctor Palomeque en «La Tribuna Popular» del 25 de agosto de 1881) acerca de la tarea patriótica que él, el padre Figueredo y don Francisco Mello, se propusieron realizar en 1809: «Acordamos trabajar por la independencia, para cuyo fin teníamos de agente en Buenos Aires a don Francisco Javier de Viana y en la capital a don Mateo Gallegos» ... «Andábamos en la campaña formando opinión, marchando acordes y con conocimiento de lo que diariamente sucedía en Buenos Aires, hasta que un día hallándome en el arroyo de La Virgen recibí un chasque de don Mateo Gallegos para que inmediatamente reuniese a los demás compañeros y me retirase con ellos, en virtud de aviso que había tenido el gobernador Elío de nuestra conspiración, quien ordenó a don Joaquín Navia saliera con una partida en nuestra persecusión».

Maeso («Artigas y su época»), reproduce una conversación que tuvo con doña Josefa Artigas, sobrina del general Artigas. Ella recordaba haber asistido a banquetes dados en la estancia de don Manuel Pérez en Las Piedras y en la chacra de Otorgués, situada del otro lado del Paso del Molino, con asistencia de Larrañaga, Monterroso, Barreiro, los hermanos de Artigas, Otorgués y otros. En esos banquetes hablaba siempre Monterroso de la necesidad de hacer trabajos revolucionarios e indicaba a don José Artigas para asumir la dirección del movimiento.

Artigas se incorpora a la Revolución.

¿Cómo y cuándo pasó Artigas del campo realista al servicio de la Junta Gubernativa surgida del movimiento de mayo? En la revista del cuerpo de blandengues de 15 de mayo de 1811 (Archivo Administrativo de Montevideo; Barbagelata, «Revista Histórica de la Universidad»), figura esta nota: «José Artigas, capitán de la tercera compañía, y Rafael Ortiguera, fugaron a Buenos Aires el 15 de febrero.»

De: “José Artigas, Jefe de los Orientales y Jefe de los Pueblos Libres Su obra cívica. Alegato Histórico” Eduardo Acevedo.-

EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO EN LA BANDA ORIENTAL

...En todas las poblaciones, en los núcleos más o menos es, en las estancias, el movimiento patriota aumenta... Cartas a los amigos, proclamas secretas, trabajos hechos desde los fogones o los confesonarios, sirven para movilizar el campesinado que responde unánime y en forma terminante al movimiento revolucionario. Y por todas las partes se habla con el mismo respeto del "jefe" José Artigas. ...

...No es ajeno a estos trabajos Ramón Fernández, hijo de Montevideo, teniente de Blandengues a cargo de un destacamento de Mercedes, adicto a la causa de Artigas, de quien es amigo personal. Con ellos se comunica también constantemente el rico hacendado don Francisco Haedo, dueño de los extensos campos de la rinconada de los ríos Negro y Uruguay, también amigo de Artigas. Así han llegado hasta hoy juntos, cabildantes, hacendados y militares. En seguida estarán también los elementos humildes, las capas inferiores del campo.

Y es así como, en seguida, se agregan a los trabajos Venancio Benavídez, cabo de milicias de la guarnición de Soriano, hijo de pobretones del lugar, gigantesco de cuerpo, ancho de tórax, luchador a brazo partido con toros y potros, y Pedro José Viera, el "Perico bailarín” (con zancos), capataz de la estancia de Almagro, su ahora compañero de causa. Viera es un brasileño de larga fama entre la peonada, porque entre un dicho y un cuento muy arrastrado de eses, sabe jugar un arma con endiablada puntería. Estos dos caudillos de la capa de abajo son los que van pasando "el habla" por las estancias vecinas de la zona y rápidamente reclutando hombres. Con ellos marchan los desarrapados que siempre sueñan con alcanzar a comer un día con lo que no roben: negros escapados de las crueldades de sus amos; indiada atormentada entre un tiempo que termina para sus toldos y una era que comienza para la Patria. 
Diez y seis días después que Elío decretara la guerra a la Junta, Viera y Benavídez citan a sus gauchos para cruzar los campos en una patriada que sea como una clarinada general.

Y al amanecer del, 23 de febrero, grupos diversos empiezan a aparecer desde los cuatro vientos sobre las lomas, armados algunos con viejas carabinas enmohecidas, sables mellados y sin empuñadura, pistolones y trabucos naranjeros, hojas de tijera de esquilar y cuchillos de desjarretar enastados en cañas y varas flexibles de membrillo y guayabo, ornadas sus armas con trapos multicolores.

Es gente pintoresca, que viste chiripá de merino, el traje de circunstancia, debajo del cual algunos muestran calzoncillos cribados, sujetos con cintos gordos de balines cortados, clavos picados y saquitos de pólvora y que van calzados con botas de cuero de potro, frescas, muchas de reciente fabricación. Ondean al viento sus camisas rayadas, arremangados sus brazos de bien trenzados músculos, los más sin sombrero y en veces algún "panza de burro" o simplemente la vincha sujetando revuelta cabellera al viento. Llevan atravesadas las cinturas por facones desmesurados. Sus rostros requemados por este sol penetrante de los campos sin reparo, presentan a veces costurones y barbijos; otros con los cráneos hundidos; las narices aplastadas, anchas y sensuales que parecen llevar todo el olor del campo; con "los labios de esponja salientes como chatos higos maduros"; los ojos inyectados en sangre o la mirada aguda de pajarraco criollo, capaz de distinguir un bulto en la cerrazón o en la noche oscura.

Toda esa gente que va surgiendo de las entrañas de las cuchillas, que bajan las laderas a galope tendido haciendo jugar entre los dedos las livianas lanzas de media luna, que despuntan a nado los arroyos, timoneles en la cola de sus caballos llevando de recado las apenas necesarias prendas para cansar lo menos posible el animal. Hay todavía algunas estrellitas en el cielo azul intenso de febrero.

Cuando alguna partida en tropel de armas y cascos alcanza un rancho adormilado sobre un recodo, en seguida el ladrido de la jauría quiebra el alba, algún espía mira por una ventanita, luego de lo cual un grito de "¡ya va!" junta al grupo, una esperanza más. Y el tropel cruza. Y las mujeres echadas sobre cojinillos rezan por la patria una oración nueva que enseñan los curas ahora desde los púlpitos. Así se va juntando de muchos lados ese centenar de hombres que se dirige a los campos de Asencio Grande, pastura de trébol y paisaje delicado, en la desembocadura casi del Río Negro. Allí, entre los árboles silvestres, reunida la gente, el gigantón de Benavídez les explica que ha caído el gobierno español en manos extranjeras.

La Junta de Buenos Aires es ahora nuestro único gobierno, continúa; don José Artigas ya ha abandonado las armas españolas y ha pasado a Buenos Aires para ofrecer sus servicios y hacerse cargo del ejército. 
Debemos reunir nuestras fuerzas y emprender la marcha hacia el pueblo. Ha llegado la hora de que seamos libres, de que podamos disfrutar nuestros derechos y acabar con la esclavitud y la miseria. ¡Compañeros paisanos, adelante! Y que nadie tema porque la patria agradecerá sus esfuerzos y un día descansaremos todos de nuestras fatigas en una gran familia unida y victoriosa. Paisanos amigos, ¡viva la patria!

De: “ Artigas, del Vasallaje a la Revolución” – Jesualdo


DICE UBALDO GENTA REFIRIÉNDOSE A VENANCIO BENAVíDEZ

“Es esta una figura de bárbara grandeza. Un gaucho corpulento de bellísima estampa, coraje ilimitado y con renombre de jinete y baquiano. Representa la voluntad criolla, intuitiva, irreprimible. Todo el paisanaje de la dilatada región del Río Uruguay, entre el Negro y el Plata, con varios centros vitales: Mercedes y Soriano al norte y Colonia del Sacramento al sur, sienten su influencia... 
Es el 28 de febrero de 1811. Son apenas unos escuadrones de gauchos crudos, armados de trabucos, tercerolas y lanzas de tacuara... Ese es don Venancio, personaje casi legendario”.

De: Artigas, el héroe de la Platania - Ubaldo Genta

GRITO DE ASENCIO

Señal del Levantamiento en el Suelo Oriental

Era el 28 de febrero de 1811: Cumpliendo con las indicaciones dadas por Artigas, el Teniente de Blandengues don Ramón Fernández, un centenar de patriotas a las órdenes de dos campesinos, Venancio Benavidez y Pedro Viera, exteriorizaron en el Grito de Asencio todas las ansias de libertad del pueblo Oriental.

Fue ésta la primera señal de la sublevación en esta Banda. A las voces de los gauchos animosos, congregados a orillas del arroyo Asencio, se unieron, en ideal común, las de los demás orientales. Porque los ecos del grito, resonaron en todos los ámbitos de la patria.

De los cuatro puntos cardinales de nuestra tierra, surgieron soldados dispuestos a inmolar su vida por el ideal común. Y se levantaron caudillos, llamados a entrar en la gloria junto a Artigas. Eran don Juan Antonio Lavalleja, futuro Jefe de los Treinta y Tres Orientales y don Manuel Francisco Artigas, hermano del Libertador, que sublevaron las villas de Minas, San Carlos y Maldonado. Se levantó en armas Canelones, al influjo de Tomás García de Zuñiga y Pedro Bauzá. Se sublevaron Casupá y Santa Lucía, siendo los organizadores de sus milicias, los patriotas Manuel Artigas y Joaquín Suárez.

El temerario Fernando Otorgués incitó a la lucha a toda la región del Pantanoso, en las puertas mismas de Montevideo. Más allá en Durazno, hizo lo propio Félix Rivera. En Paysandú, en Belén, en San José, en toda la extensión del territorio, se aprestaron a la lucha los orientales. Todos querían arrojar al dominador del suelo natal. Todos, blancos y negros, indios, mulatos y zambos se sintieron poseídos por idéntico ideal. Y todos despreciaron el peligro y la muerte, porque, de su alma noble y grande, desbordaba un sentimiento poderoso e incontenible: el de Patria.

León Barbé Giorello.

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EDITA LA TERCERA
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6 comentarios:

Genín dijo...

No me ha dado tiempo a leerlo todo, es bastante largo, mas o menos he leído la mitad, pero volveré con mas tiempo, me interesa mucho.
Muchas gracias
Besitos y salud

ALMA dijo...

Muy completa la crónica, Abu que relata los hechos de esta importante fecha en la historia del país hermano


Besos y buena semana

EL AVE PEREGRINA dijo...

Abu, aunque es una entrada extensa, no deja de ser interesante, pues si no existiesen personas de gran valor con Asensio,no se llegaría aquí.La historia tiene que ser recordada como bien lo haces .
Gracias por compartir.

Un abrazo.

Fiaris dijo...

Vaya que trabajo te has tomado,esta todo muy bien escrito.
Un abrazo y me reservo el comentario sobre los festejos porque la politica cada día me molesta más.

Cantares dijo...

Uruguay hermosa tierra de gente digna.
Recordar hitos que los llevaron a ser un país independiente es una obligación de los hijos de esa tierra.
Rendirle humilde tributo es obligación de buenos vecinos respetuosos, aunque se que mis compatriotas muchas veces no están a la altura.
Felicidades!
Un beso grande

Gara dijo...

Muy interesante tu artículo y gran homenaje que le haces en su centenario de la independencia de Uruguay.

Gracias por compartirlo.

Un abrazo